Con ira se alza el hierro,
la sombra ruge y muere.
Quien a hierro mata,
a hierro perece.
VÍA FORA, sobra la vida.
y como un rezo,
la guerra se vuelve herida.
Con ira se alza el hierro,
la sombra ruge y muere.
Quien a hierro mata,
a hierro perece.
VÍA FORA, sobra la vida.
y como un rezo,
la guerra se vuelve herida.
Y después sobrevenía la catástrofe. Llegaban como torrente de hierro los hombres duros de las áridas montañas de Aragón, empujados al llano por el hambre; los almogávares, desnudos, horribles y fieros como salvajes; gente inculta, belicosa e implacable, que se diferenciaba del sarraceno no lavándose nunca. Varones cristianos arrastrados a la guerra por sus trampas, los míseros terrenos de su señorío empeñados en manos del israelita, y con ellos un tropel de jinetes con cascos alados y cimeras espantables de dragón; aventureros que hablaban diversas lenguas, soldados errantes en busca de rapiña y el saqueo bajo la cruz; «lo peor de cada casa», que, apoderándose del inmenso jardín, se instalaban en los palacios y se convertían en condes y marqueses, para guardar con sus espadas al rey aragonés aquella tierra privilegiada que los vencidos seguirían fecundando con su sudor.
Entre naranjos, de Vicente Blasco Ibañez
Fotos de Salva An´tón
Los almogávares, demasiado ociosos para trabajar, demasiado orgullosos para suplicar,
los mercenarios estaban acostumbrados a una vida de rapiña: podían robar con
más dignidad y efectividad bajo una bandera y un jefe; y el soberano, para el
cual servían era inútil y su presencia inoportuna, aunque intentase por todos
los medios descargar semejante avalancha en los países vecinos
. GIBBON, E., The History of the Decline and Fall of the Roman Empire
“Acuérdate, oh Señor, de los hijos de Edom, del día de Jerusalén, cuando dijeron: “Destruye, destruye hasta sus cimientos”. Hija de Babilonia, desoladora, ¡bendito el que te pague por lo que has hecho!
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