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domingo, 3 de mayo de 2026

La vitrina

     Y después sobrevenía la catástrofe. Llegaban como torrente de hierro los hombres duros de las áridas montañas de Aragón, empujados al llano por el hambre; los almogávares, desnudos, horribles y fieros como salvajes; gente inculta, belicosa e implacable, que se diferenciaba del sarraceno no lavándose nunca. Varones cristianos arrastrados a la guerra por sus trampas, los míseros terrenos de su señorío empeñados en manos del israelita, y con ellos un tropel de jinetes con cascos alados y cimeras espantables de dragón; aventureros que hablaban diversas lenguas, soldados errantes en busca de rapiña y el saqueo bajo la cruz; «lo peor de cada casa», que, apoderándose del inmenso jardín, se instalaban en los palacios y se convertían en condes y marqueses, para guardar con sus espadas al rey aragonés aquella tierra privilegiada que los vencidos seguirían fecundando con su sudor.

Entre naranjos, de Vicente Blasco Ibañez





























 

martes, 6 de mayo de 2025

Un joven almogávar occitano

 

Los almogávares, demasiado ociosos para trabajar, demasiado orgullosos para suplicar, los mercenarios estaban acostumbrados a una vida de rapiña: podían robar con más dignidad y efectividad bajo una bandera y un jefe; y el soberano, para el cual servían era inútil y su presencia inoportuna, aunque intentase por todos los medios descargar semejante avalancha en los países vecinos

. GIBBON, E., The History of the Decline and Fall of the Roman Empire

martes, 31 de diciembre de 2024

hijos de Edom

 “Acuérdate, oh Señor, de los hijos de Edom, del día de Jerusalén, cuando dijeron: “Destruye, destruye hasta sus cimientos”. Hija de Babilonia, desoladora, ¡bendito el que te pague por lo que has hecho!


domingo, 17 de noviembre de 2024

Confianza

 U


Un pájaro posado en un árbol nunca tiene miedo de que la rama se rompa, porque no confía en la rama, sino en sus propias alas.


viernes, 6 de septiembre de 2024

Atacantes

Los atacantes siempre tienen más coraje y vigor que aquellos que se ven obligados a repeler un ataque. No tenemos a dónde huir y, por tanto, no se nos permite ni la timidez ni la cobardía: si la suerte favorece al enemigo, debemos buscar la muerte en la batalla y no la salvación en la huida. Y si todos recuerdan y asimilan firmemente estas palabras, ya habrás ganado, porque el arma más afilada y victoriosa que los dioses inmortales dieron a las personas,- Esto es desprecio por la muerte...
Tito Livio.
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