Con ira se alza el hierro,
la sombra ruge y muere.
Quien a hierro mata,
a hierro perece.
VÍA FORA, sobra la vida.
y como un rezo,
la guerra se vuelve herida.
Con ira se alza el hierro,
la sombra ruge y muere.
Quien a hierro mata,
a hierro perece.
VÍA FORA, sobra la vida.
y como un rezo,
la guerra se vuelve herida.
Y después sobrevenía la catástrofe. Llegaban como torrente de hierro los hombres duros de las áridas montañas de Aragón, empujados al llano por el hambre; los almogávares, desnudos, horribles y fieros como salvajes; gente inculta, belicosa e implacable, que se diferenciaba del sarraceno no lavándose nunca. Varones cristianos arrastrados a la guerra por sus trampas, los míseros terrenos de su señorío empeñados en manos del israelita, y con ellos un tropel de jinetes con cascos alados y cimeras espantables de dragón; aventureros que hablaban diversas lenguas, soldados errantes en busca de rapiña y el saqueo bajo la cruz; «lo peor de cada casa», que, apoderándose del inmenso jardín, se instalaban en los palacios y se convertían en condes y marqueses, para guardar con sus espadas al rey aragonés aquella tierra privilegiada que los vencidos seguirían fecundando con su sudor.
Entre naranjos, de Vicente Blasco Ibañez
Los almogávares, demasiado ociosos para trabajar, demasiado orgullosos para suplicar,
los mercenarios estaban acostumbrados a una vida de rapiña: podían robar con
más dignidad y efectividad bajo una bandera y un jefe; y el soberano, para el
cual servían era inútil y su presencia inoportuna, aunque intentase por todos
los medios descargar semejante avalancha en los países vecinos
. GIBBON, E., The History of the Decline and Fall of the Roman Empire
Y sin temor; pues sufren á pié quedo
Con un semblante bien ó mal pagados.
Nunca la sombra vil vieron del miedo ,
Y aunque soberbios son , son reportados.
Todo lo sufren en cualquier asalto ,
Solo no sufren que les hablen alto.
Un guerrero en el campo de batalla no tiene tiempo para construir teorías. Debe concentrar todo su espíritu en lo que hace y dedicarse a su propia muerte.
Masutatsu Oyama.
La guerra es madre de la diligencia y madrastra de la ociosidad.
La guerra hace los ladrones y la paz los
ahorca por casualidad.
En tiempo de campaña, el que apaña, apaña.
y en tiempo de guerrilla, quien pilla, pilla.
Porque cuando actúa el guerrero
poco valen pluma y tintero.