Los almogávares, demasiado ociosos para trabajar, demasiado orgullosos para suplicar,
los mercenarios estaban acostumbrados a una vida de rapiña: podían robar con
más dignidad y efectividad bajo una bandera y un jefe; y el soberano, para el
cual servían era inútil y su presencia inoportuna, aunque intentase por todos
los medios descargar semejante avalancha en los países vecinos
. GIBBON, E., The History of the Decline and Fall of the Roman Empire
